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Tajo: ensayo ecológico

La zona donde se produjo el incendio de Guadalajara acoge hoy un programa de restauración de especies forestales

noticias de animalesEl Barranco del Hocino, situado en el interior del Parque Natural del Alto Tajo, está considerado un hábitat prioritario por una directiva de la Comisión Europea. La Tejeda del Hocino, como es conocido popularmente, albergaba unos valores ecológicos sobresalientes, pero hace casi tres años, en el infausto julio de 2005, se convirtió en una de las ‘Zona Cero’ de los pavorosos incendios que asolaron Guadalajara, a raíz de unas chispas desatadas por una barbacoa en la localidad alcarreña de Riba de Saelices. Al drama medioambiental se unió una recordada tragedia humana: 11 miembros de un retén antiincendios perecieron bajo las llamas.

Las lenguas de fuego devastaron 13.000 hectáreas de la comarca, más de 5.000 correspondientes al espacio protegido del Alto Tajo, el mencionado barranco entre ellas. Su elevadísimo valor ecológico y, por ende, la importancia de su conservación, han impulsado a la Fundación Banco Santander y a la organización WWF/Adena a poner en marcha un proyecto pionero, no de gran calado cuantitativo en materia de reforestación sino más bien de carácter cualitativo y ‘simbólico’: la restauración en la zona de especies forestales singulares y emblemáticas, con el tejo como bandera de enganche de este programa piloto.

No se trata, por tanto de una gran reforestación de envergadura de pinos o ejemplares similares, sino de ‘recuperar’ en la zona especies autóctonas de extraordinario interés ecológico, bien por su escaso número de ejemplares o por su situación crítica cercana a la desaparición.

Plantación de Tejos

El proyecto nace con la vocación de ser un modelo extrapolable a otras zonas devastadas por las llamas y para que las autoridades públicas apuesten por la regeneración integral de los ecosistemas singulares incendiados, plantando los ejemplares originales desaparecidos por el fuego, precisó el director de la Fundación Banco Santander, Javier Aguado. Los objetivos inmediatos se centran en recuperar la tejada y sus valores ecológicos asociados, como la fauna, la flora y el suelo.

Las paredes de la ladera del Barranco y los suelos más próximos al cauce del arroyo del Hocino albergaban un bosquete de 120 tejos en una superficie de diez hectáreas. Sin embargo, el fuego arrasó con casi todos los tejos. Sólo quedo uno en pie, aunque de las cenizas han resurgido tres brotes de raíz de tejos en los últimos tiempos. El programa experimental, una suerte de laboratorio de ensayo ecológico, ya ha plantado 140 especies de este árbol, aunque pretende llegar a los 250, ya que las previsiones apuntan a que pueden llegar a prender más o menos la mitad. Además, se plantarán un centenar de sabinas y otros 230 ejemplares de especies de ribera como sauces, fresnos, majuelos y quejigos.

Para desarrollar el ciclo completo de restauración forestal ha sido necesaria la recolección previa de material genético del mayor número posible de otros tejos del Alto Tajo no afectados por el incendio. Después, se ha procedido a su producción en vivero especializado y a la reintroducción en el medio. Se recupera así parte de la «singularidad botánica» del Barranco y, por extensión, de la zona protegida del Alto Tajo. Si bien los tejos tardarán centenares de años en recuperar el esplendor que tenían sus antepasados abrasados por las llamas.

La ‘recuperación integral’ de los tejos no es asunto baladí desde el punto de vista medioambiental. Es una especie que vive en la mitad norte de la península y las cadenas montañosas del sur y aparece en el seno de diferentes bosques, aislado o formando pequeños bosquetes. En la actualidad, se encuentra en un claro estado de regresión en nuestro país. Su situación es crítica a nivel nacional y está considerado como «especie de flora de interés especial» en el catálogo de especies amenazadas de Castilla-La Mancha.

«Se trata de recuperar el ecosistema del Barranco del Hocino, una auténtica joya ecológica, y por extensión de los tejos, unos árboles milenarios», precisa Juan Carlos del Olmo, secretario general de Adena. Algunos de los que ardieron podrían tener entre 2.000 y 3.000 años de antigüedad.

 

Fuente www.larioja.com 

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