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Las reses que mueran en el monte en los Picos se dejarán para los buitres

La falta de alimento para las aves carroñeras provoca la creación de una zona de excepción en el Parque
El llamado «mal de las vacas locas» trajo, hace ya seis años, la obligatoriedad de que se retirarán del monte los animales domésticos muertos. La encefalopatía espongiforme nos dejó sin el hueso de la chuleta durante una temporada y forzó la puesta en marcha, en mayo de 2001, de una normativa de la Unión Europea que obliga a las autoridades a recoger cualquier animal que muera, tanto si lo hace en la cuadra como si es en pleno monte.

De esta manera, se rompía una cadena de alimentación histórica. Los cadáveres de animales en las zonas rurales siempre acababan en el monte. Ahora, la Consejería de Medio Ambiente y Desarrollo Rural estudia la posibilidad de permitir que los animales rumiantes muertos en el parque nacional de Picos de Europa no sean trasladados a las instalaciones del Consorcio para la Gestión de Residuos Sólidos de Asturias (Cogersa), en Serín, y así puedan servir de alimento para las aves necrófagas o carroñeras del espacio natural. La Administración tomará su decisión en el plazo de un mes, después de estudiar con detenimiento las posibilidades.

Así lo manifestó el director general de Ganadería y Agroalimentación, Enrique Rodríguez Nuño, tras mantener una reunión con el director del Parque Nacional de Picos de Europa, Rodrigo Suárez Robledano.

«Hay posibilidades de habilitar el sistema que permita dejar los animales muertos en la zona para que sirvan de alimento a las aves carroñeras. Con los animales no rumiantes se podrá hacer; con los rumiantes estudiaremos la posibilidad de hacerlo conforme a las disposiciones de la Comisión Europea», señaló el director de Ganadería.

La propuesta no es nueva. Los grupos conservacionistas llevan años denunciando la pérdida de recursos que representa la retirada de cadáveres para los animales salvajes y advirtiendo de la necesidad de crear áreas de excepción en determinados espacios para favorecer la alimentación de especies protegidas que están sufriendo carencias alimenticias propiciadas por la eliminación de la carroña en los montes.

El Fondo Asturiano para la Protección de los Animales Salvajes (FAPAS) presentó el año pasado ante la Unión Europea un estudio sobre los efectos de la retirada obligatoria de cadáveres en la población de oso pardo.

En el informe se pedía favorecer la presencia de carroñas de animales domésticos en los montes, debido a que es un «un factor condicionante de la reproducción y de la supervivencia de las crías». Además, consideran necesario declarar zona libre de asumir la regulación sobre retirada de cadáveres a todos aquellos lugares de montaña que componen el hábitat del oso pardo, ya que consideran la carroña como un aporte nutritivo fundamental para la supervivencia de los plantígrados.

Para controlar estas carroñas se planteaba la creación de un sistema de inspección, de modo que las reses muertas que se abandonen en las zonas declaradas de excepción «correspondan a animales procedentes de explotaciones de la zona» y, de esta manera, evitar el traslado ilegal de animales muertos procedentes de otras partes de la región.

Los conservacionistas argumentan que la pérdida de la carroña que antes alimentaba a buena parte de los animales salvajes de nuestros montes está afectando gravemente a la población de oso pardo cantábrico.

Anualmente se recogen en los montes asturianos alrededor de 20.000 animales muertos, que son trasladados a Cogersa y que, en otras circunstancias, hubieran acabado formando parte de la cadena alimenticia.

Ahora, la falta de carroña en los montes asturianos está provocando que los osos ocupen nuevos territorios y también que los daños a colmenas y árboles se disparen. Según un estudio del FAPAS, desde 2001, año en el que se eliminaron las carroñas de los montes, hasta ahora el promedio de colmenas y de árboles dañados se ha incrementado un 124, 92 por ciento.

Además, la relación de expedientes por año, entre 2002 y 2006, es de 141,6, mientras que entre 1997 y 2001 fue de solamente 46, lo que representa un incremento del 306.49 por ciento en los últimos cuatro años.

Fuente www.lne.es

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