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La caza ilegal se apoya en el negocio de las cornamentas.

El Campo de Gibraltar tiene una gran tradición cazadora. El 60 por ciento de su extensión se declara parque natural, por lo que aumenta su atractivo para los interesados en prácticas de caza mayor y menor, que difieren en las especies que engloban y en las técnicas y armas que se utilizan. En total se contabilizan alrededor de 60 cotos para la cacería legal en la comarca, lo que no exime de la existencia de prácticas furtivas.Aunque esta práctica

El Campo de Gibraltar tiene una gran tradición cazadora. El 60 por ciento de su extensión se declara parque natural, por lo que aumenta su atractivo para los interesados en prácticas de caza mayor y menor, que difieren en las especies que engloban y en las técnicas y armas que se utilizan. En total se contabilizan alrededor de 60 cotos para la cacería legal en la comarca, lo que no exime de la existencia de prácticas furtivas.

Aunque esta práctica era muy común hace 20 años, aún hoy se pueden encontrar furtivos en nuestros campos. Antiguamente los cazadores mataban a sus presas para abastecerse como necesidad vital, vendían la carne o se la comían directamente. Pero hoy día el furtivismo lo que busca es el premio, el trofeo.

Esta "prima" corresponde al valor en metálico que puede alcanzar la cornamenta de un animal en el mercado ilegal. El subteniente del Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil (Seprona), Emilio Moya, señaló a este diario que los cazadores furtivos buscan una buena cornamenta para su venta ilegal -denominado trofeo en la jerga de los cazadores- que viene a ser el número de puntas que puede llegar a tener la cornamenta de un animal.

La tasación de sus pitones se realiza por criterios estéticos, por su grosor o el peso y de ahí depende el trofeo, que puede ser de oro, plata o bronce. El valor en metálico de estos premios ronda los 1000 euros, un trofeo de oro puede llegar a suponer 1.800 euros. Asimismo, con una cabra montés se puede llegar a obtener 6.000 euros a través de la venta ilegal.

Según la Ley de Flora y Fauna de Andalucía de 2003 la caza sólo puede ejercerse sobre aquellas especies considerados cinegéticas, pero en la comarca existen todavía cazadores que aprovechando la ausencia de luz solar se adentran en terrenos privados o públicos y tratan de cazar su pieza para venderla en el mercado ilegal.

Moya, destacó que la situación relativa al furtivismo ha mejorado muchísimo en la comarca, se ha pasado de épocas de caza mayor por necesidad, hace unos 27 años, y ahora se trata de una caza más elitista que busca buenos ejemplares como ciervos, gamos, cabras, muflones. No obstante, las zonas que lindan los alrededores de los cotos de caza, La Almoraima en Castellar y el municipio de Jimena de la Frontera son los principales focos de furtivismde la comarca.

En el capítulo de las detenciones o denuncias por prácticas ilegales, la situación ha variado bastante en los últimos años, se ha pasado del centenar de denuncias, hace 20 años, a obtener seis el año pasado, por lo que no es representativo, según destaca el subteniente del Seprona. Asimismo, aún quedan furtivos que cazan para vender sus ejemplares en ventas o bares de la comarca, lo que en la actualidad puede conllevar una gran dificultad ya que los férreos controles de sanidad impiden la compra de carne ilegal por el temor a sanciones.

Por otro lado, otra práctica ilegal se relaciona con la colocación de cebos envenenados para eliminar animales, que pueden suponer una amenaza para los cazadores. Ante tal situación, Moya destacó la baja incidencia que ha tenido esta actividad en la comarca en los últimos cuatro ó cinco años.

 

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