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José María Aurrecoechea: «Los perros y gatos son mejores pacientes que las personas»

El Colegio de Veterinarios nombra presidente de honor al fundador de la primera clínica vizcaína de mascotas…

Aurrecoechea (Leioa, 1928) exhibe su amor por los animales. Luce una elegante corbata con perritos de colores y un pin en su chaqueta con la figura de dos gatos. Sus colegas le consideran ‘el maestro’ de los veterinarios vizcaínos.

noticias de perros y gatos-¿Por qué quiso ser veterinario?

-Mis padres era agricultores y ganaderos. Vivían en el barrio de Artaza de Leioa y yo siempre me ocupé de los animales: de las vacas, las gallinas…

-A los que luego curó.

-Cuando llegué a Gernika los carniceros vendían las vísceras sin ningún control. Corté con aquello y realicé decomisos. Me llamaron el veterinario ‘joven de mala leche’.

-Por su rigurosidad.

-Exigí normas de inspección sanitaria y, como responsable del matadero, advertí que sería el responsable de todo lo que se hiciera con las canales de los corderos.

-Dejó la veterinaria tradicional para abrir la primera clínica de mascotas.

-Organicé en Gernika la primera exposición canina de Vizcaya con un éxito total. No ganaba nada entonces con las visitas gratuitas que hacía para atender los perros de amigos y conocidos. Poco a poco, empecé a ejercer la profesión.

-¿Por qué mascotas? ¿Los demás animales le venían grandes?

-Ja, ja. En Erandio fui veterinario de vacuno, pero siempre creí que con las mascotas establecería un contacto más directo. Podría hacer exploraciones más profundas y un diagnóstico mucho más certero.

-¿Recuerda la primera intervención?

-Al perro de Nando, un jugador del Athletic de los sesenta. Sufrió una fractura de fémur y le operé sin la ayuda de nadie en una granja de Erandio. Quedó perfectamente.

-Con todo el respeto, pero le tacharon de loco al meter un fonendoscopio y un equipo de rayos X en los quirófanos de sus consultas.

-Mucha gente acudía a la clínica y me soltaba: ‘Sólo he venido para saber si es verdad lo que se dice de usted’. La clase médica desconfiaba totalmente de mí y, en general, de los veterinarios como clínicos.

-Es lo que tienen los pioneros.

-Llegó una vez un médico con su perro y empecé a explorarlo. Supe que venía con segundas intenciones porque el animal no tenía nada. A pesar de eso, con la ayuda de un otoscopio mostré al dueño el oído de su perro. Aunque externamente no se veía nada, sufría un ataque de ácaros. También le hice ver el fondo del ojo de su mascota.

-Fue el primer especialista en operar de cataratas a perros.

-Hice tres intervenciones aunque no quedé nada satisfecho.

-¿Por qué?

-No resultaron todo lo bien que hubiera deseado. Hice de todo a los animales. Uno nunca olvida la primera vez que ausculta a un perro. No es lo mismo que explorar a una persona. ¿Aparecen unos ruidos…!

-¿Cómo son los perros como pacientes?

-En general, muy buenos. Y algunos, con muy mala leche. Y como los gatos, mucho mejor que los humanos. Me acuerdo de un perro que tenía una mala leche terrible. El pobre tenía un pólipo en la vejiga y prácticamente le quité la mitad de la bolsa. ¿Aún vivió dos años más! Una operación muy fuerte.

-Como a los humanos, ¿hay que anestesiarles para intervenirles?

-¿Lógico! Antes hacíamos una anestesia intravenosa con pentotal y en mi última época ya con gases, igual que en las personas.

-¿En las salas de operaciones son muy quejicas los perros?

-Si se les sabe tratar, no. Son fatales muchos dueños. Transmiten su preocupación y ponen más nervioso a los animales.

-Su amor por los perros y gatos puso firmes a los taxistas.

-Muchos pacientes salían de mi consulta con los perros en sus brazos y casi ningún taxista aceptaba llevarlos en sus coches. Así que le expuse el problema a la entonces alcaldesa de Bilbao Pilar Careaga. Le mandé una carta…

-¿Y?

-Le comenté que me gustaría una parada de taxis al lado de mi clínica. Al de dos meses, recibí un escrito autorizando la parada pero antes una comisión de taxistas me llamó y dijo: ‘Olvídese de la solicitud que nosotros vamos a empezar a coger los perros, pero con una condición. Les metemos en el capó, no dentro’.

-También curó a muchos gatos.

-Tienen los mismos problemas que los perros, digestivos, respiratorios, oculares, de piel…

-¿Cuántas vidas tienen los gatos?

-Igual que todos. Muchas veces se caen de un tejado, pero no es que se se destrocen y vuelvan a vivir. Caen como un paracaidista echando las manos al suelo. Eso les salva.

-Muchos colegas dicen saber lo que saben gracias a su generosidad.

-En fin… Abrí las puertas a todos los compañeros que lo quisieron.

-Especialista en avicultura, ¿debemos temer a la gripe aviar?

-Con políticas de prevención y una exquisita higiene en las granjas, no creo que debamos tener ningún cuidado.

-¿Y a la ‘lengua azul’?

-Lo de Oiartzun ha sido extraordinario. Creíamos que el parásito sólo actuaba en climas calurosos, pero han aparecido casos hasta en Alemania y Dinamarca.

-Además de animales, ¿trataba a personas?

-Ja, ja. ¿Nooo! Pero es verdad que una alta personalidad que juró el cargo de diputado a Cortes sufrió un amago de infarto en Madrid. Recién intervenido y todavía con los efectos de la anestesia, comentó que él no tenía médico en Bilbao, sino veterinario. Ya ve usted (risas).

 

Fuente www.elcorreodigital.com 

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