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El intenso turismo es una amenaza para Machu Picchu

Estudian reducir a tres horas el acceso a los turistas y prohíben ingresar con bastones. Los expertos piden trasladar el pueblo de Aguas Calientes a otra zona.
Noticias flora y faunaLa ciudadela inca de Machu Picchu, que trajo alegría y jolgorio entre los peruanos cuando fue elegida como una de las siete nuevas maravillas del mundo moderno, corre el peligro de destrucción debido a la fuerte presión turística.

El aumento de sus visitantes pasó de 2 000 a más de 3 000  diarios, lo que agrava el problema de movimiento de tierra que podría desplazar las ruinas.

La Dirección del Parque Arqueológico Nacional de Machu Picchu ha decretado un Plan de Urgencias con una serie de medidas para mitigar el deterioro. Una de ellas es implementar tres nuevas salidas para evitar la congestión de turistas. Además, ha dictado prohibiciones como el ingreso con bastones al santuario, salvo por motivos de edad o incapacidad, previa evaluación al ingreso.

El subdirector de Estudios y Proyectos del Instituto Nacional de Cultura (INC) de Cusco, Juan Antonio Silva, explicó que las vías serán habilitadas de manera paulatina. La ciudadela cuenta con dos vías de salida y con las nuevas sumará cinco, las cuales -dijo- espera que eviten la aglomeración y el  congestionamiento.

El gerente de Recursos Naturales y Gestión del Medio Ambiente del Gobierno Regional de Cusco, Abel Caballero, informó que se estudia acortar los períodos de visita del turista a tres horas  como tiempo máximo permitido. Actualmente es de 10 horas.

Pero para los especialistas faltan medidas más drásticas para asegurar el futuro de Machu Picchu por lo menos en 200 años más. El arqueólogo Guillermo Lumbreras sostiene que ante tanto visitante la  preservación estaría en peligro por este maltrato, incluso recordó que la Unesco tiene una lista de patrimonios y monumentos para proteger. Además, busca “impedir el excesivo entusiasmo mercantil en relación con el atractivo que puedan tener”.

La Unesco ha expresado su preocupación por el desorden que prima en las construcciones levantadas en los alrededores de la ciudadela. Como hoteles y tiendas, en Aguas Calientes (o Machu Picchu pueblo), localidad  ubicada en las faldas del Parque Arqueológico. A ello se suma el puente Carrilluchayoc, ubicado en Santa Teresa. El puente fue construido dentro de la zona de reserva, por la  Alcaldía de esta localidad, pese a la oposición de las autoridades culturales.

El ex director del Instituto Nacional de Cultura (INC), Luis Repetto Málaga, es más enfático cuando se refiere el tema, pues considera que Machu Picchu es sinónimo de rapiña, ya que se ha dado la expansión desmesurada de Aguas Calientes, con la construcción de hoteles y negocios y turísticos sin el menor control de la autoridad. A eso se suma la fragilidad ambiental.

Repetto refirió a EL COMERCIO  que Machu Picchu no es solo el complejo arqueológico, sino toda la reserva natural, paisajística y ecológica, que comprende la fauna y flora adyacente al complejo arqueológico y el camino Inca. Explicó que no hay un buen manejo de desechos sólidos, considerando que diariamente se arroja un mínimo de 3 000 botellas de plástico si se toma en cuenta solo el consumo de solo una botella de agua por turista.

En el 2006 fue aprobado el Plan Maestro de Machu Picchu, documento que contiene lineamientos de gestión del santuario histórico, pero hasta enero del 2008 sigue pendiente su implementación. En él se recomienda el reordenamiento urbano y comercial del distrito de Aguas Calientes, aunque los expertos, uno de ellos el arquitecto Augusto Ortiz de Zevallos, son de la opinión de que Aguas Calientes sea reubicado de las faldas del complejo arquitectónico hacia Santa Teresa (a 20 kilómetros) porque “ha creado un microclima contaminante y que amenaza su futuro inmediato”.

Repetto añade que Aguas Calientes debe ser reubicado porque en las faldas del complejo arqueológico nunca existió un pueblo y hoy hay allí una población golondrina de comerciantes cusqueños que tienen sus hoteles en Cusco y en las faldas del santuario, convirtiéndolo en “rapiña y codicia”, lo que no garantiza que Machu Picchu dure dos siglos más.  

Ante el mayor flujo de turistas la Dirección del Parque Arqueológico Nacional de Machu Picchu ha prohibido                                    , además del ingreso de bastones, el acceso a los muros de la ciudadela (muchos lo hacen para tomar fotos) y también está penado contaminar las fuentes de agua del santuario.

Del mismo modo, está vedado iniciar fuego abierto dentro del área preservada y tampoco se permite fumar en las zonas en donde destaque la flora y la fauna. De esta manera se evita que alguien vaya a alterarla, lo cual sería dramático, pues muchas especies son bastante exóticas.

No es posible abrir diferentes caminos,  ya que se puede estar deteriorando algún vestigio arqueológico, menos el ingreso de animales ni realizar cualquier tipo de inscripción en los muros. El incumplimiento está sujeto a denuncia policial y judicial.

Por otro lado, una nueva ruta turística se abrirá en el norte de Perú con el avistamiento de geoglifos de 2 500 años de antigüedad en los cerros de Lambayeque. Con esto se podría retener al turista por un día más en la región y consolidarla  como la segunda alternativa turística del país, después de la ciudadela Machu Picchu.

 

Fuente www.elcomercio.com 

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