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Buitres con menú a la carta

El cebadero de Santo Adriano, el único de Asturias que proporciona carroña a las aves. La enfermedad de las vacas locas obligó a retirar los animales muertos de los montes.

noticias de animalesDesde el año 2001 es obligatorio retirar los animales muertos de los montes, tras la llegada a España de la enfermedad de la encefalopatía espongiforme (la enfermedad de las vacas locas). La medida ha traído consigo consecuencias negativas para las aves carroñeras. Los buitres se han quedado sin un suministro de comida que habitualmente encontraban en las zonas altas. Por eso el Fondo Asturiano para la Protección de los Animales Salvajes (FAPAS) ha habilitado en el concejo de Santo Adriano un comedero en el que, una vez a la semana, echan tripas y otros restos de animales a una población de unos 70 buitres.

A las diez y media de la mañana hace frío en Los Navaliegos. Está a tan sólo veinte minutos de Oviedo, pero parece otro mundo. Al pie de la carretera hay una verja cerrada con candado y un camino que parece internarse hacia ningún lado. Sólo el vuelo en círculos de las aves sobre la zona da pistas. Es el comedero de buitres que el Fondo Asturiano para la Protección de los Animales Salvajes (FAPAS) tiene en el concejo de Santo Adriano, el único que funciona ahora en toda Asturias.

Es viernes, día de comida, y ellos parecen saberlo. Luis García es el encargado de alimentar a los alrededor de 70 buitres leonados que viven en la colonia, la única de Asturias fuera de los Picos de Europa, donde existen unos 300 ejemplares. En total, en Asturias, incluída alguna pareja aislada, vive una población de alrededor de 400 buitres leonados.

La encefalopatía espongiforme, la enfermedad de las vacas locas, forzó la puesta en marcha en mayo del año 2001 de una normativa de la Unión Europea que obliga a las autoridades a recoger cualquier animal que muera, tanto si lo hace en la cuadra como si es en pleno monte. Antes de la medida se retiraban unos 3.000 cadáveres y actualmente se llevan a las instalaciones de Cogersa, en Serín, 21.000 cadáveres al año.

El presidente del FAPAS, Roberto Hartasánchez, quiere que la carroña vuelva, de forma controlada, al monte. Los buitres necesitan comida, y también los osos. Por ello considera necesario declarar zonas libres de asumir la regulación sobre la retirada de cadáveres todos aquellos lugares de montaña que componen el hábitat del oso pardo, ya que el FAPAS considera que la carroña es un recurso fundamental para la supervivencia de los plantígrados.

Mientras esperan una decisión del Principado, siguen alimentando a los buitres para que dejen de pasar hambre. Cada quince días, Luis García se dirige con la furgoneta del FAPAS hacia el matadero de Almurfe, en Belmonte. Allí le esperan alrededor de 200 kilos de casquería variada, desde tripas hasta todo tipo de restos, que lleva hasta el comedero de buitres situado en Santo Adriano.

Los buitres ya están acostumbrados. A las diez y media empieza el festín. Los primeros en llegar son los cuervos. Son la avanzadilla de los buitres, los alimoches -en primavera y verano- e, incluso, de algún águila real. La comida que el FAPAS les proporciona ha permitido que la colonia de buitres de los valles del Trubia resista tras unos años -2002 fue especialmente duro- en los que la población se redujo a unos 40 ejemplares y a sólo tres nidos, con una mortalidad muy elevada de los pollos. Años en los que la supervivencia no llegaba al 40 por ciento del total. La llegada de comida ha invertido la situación y la supervivencia de los pollos ronda el 90 por ciento.
Ahora son meses de hambre, meses de incubación -el período reproductor comprende de enero a agosto-, en los que el aporte del FAPAS está resultando fundamental para que los buitres sobrevivan y se reproduzcan con éxito. Luis va abriendo los tanques, uno a uno, y los restos son recibidos por los cuervos con vuelos más cercanos. Por la zona quedan los restos del festín: unas pieles de jabalí, los restos de un caballo y un sinfín de huesos, que son quemados una vez al año para evitar acumulaciones. En poco más de una hora, no queda nada. En un extremo alto del recinto Luis García tiene un escondite para ver a los buitres. Una vez contó cuarenta, todos juntos, todos comiendo. Y ante la visión de las aves se le ocurre un símil que a cualquier otro ser humano le resultaría francamente difícil. «Para ellos son como palomitas de maíz».

 

Fuente www.lne.es 

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