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Perros antiminas afganos

Los canes localizan los explosivos a gran velocidad, incluso si están muy enterrados, en un país con un 15% de territorio minado

Tras décadas de guerra, en Afganistán mueren cada mes 62 personas -la mitad, menores- debido a las explosiones de viejos artefactos, según datos del Centro de Acción de la ONU contra las Minas, que desde 1989 se dedica a la limpieza de explosivos.
 
En esa labor, los perros han demostrado ser grandes aliados en el esfuerzo que hacen los 8.500 afganos que trabajan en el Programa de Acción Contra las Minas en Afganistán, y que aún tienen una ingente tarea por delante en uno de los países con más minas y restos de explosivos del mundo.
 
Los caninos no sólo cubren un territorio seis veces más deprisa que sus homólogos humanos, sino que también son capaces de olfatear minas enterradas a 13 centímetros bajo el suelo o de localizar artefactos en plástico inmunes a los detectores de metales.
 
«Una de las cosas buenas de un perro deminador es su velocidad. Si comparas a un perro con un humano o una máquina, el perro es varias veces más rápido, más barato y más eficiente», dijo orgulloso Zaenuddin, el jefe de entrenadores del Centro canino de Detección de Minas (MDC).
 
«Cuando huelen los explosivos, avisan sentándose y mirando a su cuidador. Y entonces otros deminadores limpian la zona usando una pequeña herramienta de excavación en un ángulo de 45 grados para impedir que la mina estalle», explicó.
El MDC fue creado en 1989 con un equipo de catorce personas y perros donados por Tailandia y entrenados por un norteamericano. Pero el centro ha pasado de comprar pastores alemanes ya entrenados por un precio de 12.000 a 14.000 dólares ( 7.700 y 9.000 euros) a criarlos en Afganistán, donde nacen anualmente entre 50 y 60 cachorros. Ahora «tenemos 165 perros preparados para operar y otros 117 en período de entrenamiento», informó Zaenuddin.
 
Antes de ejercer como perro deminador, el animal es sometido a un proceso de formación de año y medio, incluyendo el paso por un centro de socialización y meses de entrenamiento con pelota, según dijo el gestor del MDC, Ahmad Javid Azimi.
Una vez reconocida su aptitud, «lleva dos meses entrenar a un perro para que aprenda a reconocer el olor del explosivo» y otros dos en acostumbrarlo a su compañero humano, con el que compartirá licencia de trabajo durante un año, prosiguió.
Un can deminador tiene una vida laboral de ocho años antes de su retiro profesional y de adquirir una nueva existencia como mascota. «Cuando la gente ve nuestros servicios, nos respeta. Porque saben que los perros les están sirviendo, que pueden salvarles la vida. Los perros son héroes», proclamó Zaenuddin.
 
En todo el mundo, estos perros entrenados ayudan a los deminadores a detectar y desactivar millones de minas terrestres, que causan cada año la muerte de 15.000 a 20.000 personas en países como Angola, Bosnia, Camboya, Croacia o Mozambique.
En Afganistán, a los deminadores no les falta trabajo: desde el año 1989, el MAPA ha limpiado más de 1.300 millones de metros cuadrados de terreno y ha destruido más de 300.000 minas antipersonal, unas 18.000 minas antitanque y siete millones de ERW (restos de explosivos de guerra).
 
Afganistán sigue siendo uno de los países más afectados por las minas, con cuatro millones de afganos (un 15%) viviendo aún en áreas de riesgo.
 
Quedan por limpiar 700 millones de metros cuadrados de terreno, tarea que Afganistán, que se sumó en el 2002 al tratado que prohíbe las minas antipersonal, se comprometió a completar para el año 2013.
 
 

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