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El marfil vuelve a ‘cotizar’ al alza en Africa

Anderson Ngola es de Shimba, un pueblo situado al sur de Mombasa, al lado de la Playa de Diani, una de las más famosas de Kenia.Pero las historias que Ngola relata no son aventuras playeras, sino de elefantes. «El problema en mi pueblo son los elefantes y los perros», explicaba Ngola el pasado mes de julio en Lamu, una ciudad a 300 kilómetros de su aldea natal, donde trabaja como camarero junto a una mansión propiedad de Carolina de Mónaco a orillas del Océano Indico.

Anderson Ngola es de Shimba, un pueblo situado al sur de Mombasa, al lado de la Playa de Diani, una de las más famosas de Kenia.Pero las historias que Ngola relata no son aventuras playeras, sino de elefantes. "El problema en mi pueblo son los elefantes y los perros", explicaba Ngola el pasado mes de julio en Lamu, una ciudad a 300 kilómetros de su aldea natal, donde trabaja como camarero junto a una mansión propiedad de Carolina de Mónaco a orillas del Océano Indico.

Impecablemente vestido y sin perder su sonrisa, Ngola continuaba: "Los perros de mi pueblo ladran cuando ven elefantes, y los asustan. Hace poco, un elefante tiró abajo una casa y dejó atrapada a una familia dentro durante cuatro días. Otro elefante mató a cuatro cabras".

El caso de Ngola refleja la situación que viven muchos africanos, para quienes los animales y los parques nacionales apenas suponen un beneficio y sí muchos inconvenientes. Y su relato, además, era muy oportuno. Apenas una semana antes, la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Protegidas (Cites, según sus siglas en inglés) había permitido que China participe en una compra-venta limitada de marfil de elefante, un producto cuyo comercio internacional está prohibido desde 1989.

La Cites, un organismo que forma parte de Naciones Unidas, ha permitido la venta de 108 toneladas de marfil almacenada -por lo que no habrá que matar elefantes para obtenerla- por cuatro países africanos que están teniendo un gran éxito en la protección de estos animales: Namibia, Zimbabue, Sudáfrica y Botsuana. Sólo unos compradores autorizados de Japón y China podrán adquirir las piezas puestas a la venta. La reexportación del producto está prohibida. Y lo que se obtenga de la venta se destinará a la protección de los elefantes en esos países. Un kilo de marfil tiene un valor de mercado de 750 dólares (486 euros), según la agencia de noticias AFP.

Los cálculos de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza en Africa hay entre 550.000 y 710.000 proboscidios, cuyo principal valor es como atracción turística. Pero, como ha explicado Ian Parker, uno de los mayores expertos del mundo en estos animales y en marfil, a este periódico, "todos los datos sobre turismo en Africa dejan fuera los costes que los animales imponen a las cosechas y a las propiedades".

La decisión de dar valor a los elefantes por su marfil y no por ellos mismos ha sentado como un tiro a muchos ecologistas, y también a algunos países africanos. Las críticas se basan en que cada año se matan en Africa ilegalmente alrededor de 20.000 elefantes, según el grupo ecologista británico Agencia de Investigación Medioambiental. Así que el aumento de la oferta de marfil, afirman, disparará la demanda.

Iain Douglas-Hamilton, uno de los mayores expertos en elefantes del mundo, a los que lleva estudiando desde hace más de cuatro décadas, ha confirmado a este periódico que "incluso la venta limitada es un asunto de la máxima importancia". El problema es que, con el comercio de marfil, pasa como con el tráfico de drogas: el debate acerca de si su ilegalización aumenta o disminuye la demanda es interminable. Por ejemplo, el último informe de la Cites no encuentra ninguna relación entre tráfico de marfil y las decisiones de ese organismo sobre el comercio legal. De hecho, la venta, legal, de una cantidad limitada de ese producto en 1999, no provocó un aumento del contrabando.

Según la Cites, los problemas aparecen cuando los países no aplican sus propias leyes en la protección de los elefantes. Y ahí es donde la autorización a que China compre marfil ha levantado ampollas. Daphne Sheldrick, que gestiona un orfelinato de elefantes en Kenia, ha calificado la decisión de "escandalosa". Hace un año, la Cites había identificado a China como uno de los cinco países más involucrados en el contrabando de marfil del mundo. Pero ahora ve las cosas de manera diferente. Como explica Julián Blanc, un experto de la ONU que monitoriza el furtivismo de elefantes, "en los últimos 12 meses China ha mejorado su control sobre el comercio ilegal de manera espectacular, y ahora cumple todos los requisitos que se le impusieron para poder ser comprador".

"El problema para la conservación de los elefantes no es el tráfico de marfil. El futuro de estos animales sólo estará garantizado en las áreas en las que no compitan con los seres humanos por espacio y los recursos. Pero la conservación de la naturaleza cuesta", explica Parker. Si ése es el caso, Ngola tiene motivos para lamentarse: Kenia no sólo no tiene una población de elefantes lo bastante robusta como para que la Cites le permitiera una eventual venta de marfil, sino que el Gobierno de ese país votó en contra de ella. Por ahora, los elefantes van a seguir amenazando Shimba sin que sus habitantes se beneficien en absoluto.

 

Fuente www.elmundo.es 

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