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Carreteras letales

El tráfico rodado mata cada día a más de mil animales en España.
Tres de cada cuatro atropellos se producen de noche

¿Quién no ha pegado un volantazo para esquivar un gato, un perro, un conejo, un erizo, una vaca, un corzo o incluso un jabalí?

Las red de carreteras, cada vez más tupida y mejorada (lo que anima a velocidades más altas), se ha convertido en una sangría para la fauna española. La Dirección General de Tráfico (DGT) calcula que más de de 300.000 animales mueren atropellados al cabo de un año.

La Asociación de Empresas de Conservación y Explotación de Infraestructuras (ACEX) confirma que cada día se recogen los cadáveres de mil animales sobre el asfalto y eso sin contar aquellos que han sido heridos por el choque, se han dado a la fuga y han acabado muriendo al poco tiempo en las proximidades. De ahí que Ecologistas en Acción baraje la muerte anual de diez millones de vertebrados a causa de los atropellos y golpes con vehículos.

Perros, gatos, caballos, ovejas y vacas, pero también jinetas, lobos, jabalíes, corzos, nutrias, zorros, conejos, erizos, lechuzas, golondrinas, culebras, lagartos… La lista de nuestras víctimas animales en el asfalto es prácticamente un catálogo completo de la fauna ibérica. De hecho, muchos científicos aprovechan esta sangría para completar con detalle la distribución en un territorio determinado de las especies más esquivas. Un dato particular puede dar idea del impacto de la red viaria sobre la fauna: siete de cada tres cachorros de lince nacidos en el Parque de Doñana acaban atropellados.

Los atropellos también tienen consecuencias para los conductores, puesto que suelen generar no menos de 10.000 accidentes (perros, caballos, vacas, jabalíes y corzos son los que más los provocan), muchos de ellos con resultado de muerte para algún ocupante del vehículo (por ejemplo, hubo 23 fallecidos y 944 heridos en el 2006).

Según la DGT, las carreteras secundarias son las que registran más accidentes (8.000), seguidas por las autovías (más de 1.000 siniestros). En autopistas apenas hay.

El 75% de los accidentes causados por animales se producen durante la noche. De ahí que la velocidad inadecuada y la ceguera del animal causada por los faros sea el factor decisivo para el atropello.

Los animales más peligrosos para los conductores son los perros (causan el 40% de las víctimas mortales), jabalíes (30%) y caballos (más del 20%). Un agravante de problema es el abandono de mascotas: unos 100.000 perros y el doble de gatos al cabo del año. No es raro el caso de perros que van directamente hacia el coche porque el modelo es idéntico al de su antiguo amo. No todas las especies resultan afectadas en igual medida. Sus hábitos y necesidades influyen mucho. Así, los erizos tienen por costumbre hacerse una bola cuando el ruido de un coche les asusta, por lo que presentan altas cuotas de mortalidad por atropello. Otras especies buscan comida en la calzada (otros animales atropellados) o en los márgenes de las carreteras, como las lechuzas. El hecho de que la carretera vaya paralela a un río es un factor de riesgo, por el ganado y fauna que baja del monte a abrevar. En este caso, las ovejas que se separan del rebaño suelen ser especialmente peligrosas.

Peor en fines de semana

La incidencia de los atropellos varía a lo largo del año, estando muy relacionada con el ciclo biológico de las especies (épocas de celo), como en los ciervos o los corzos.

Durante los fines de semana se incrementa el riesgo porque aumenta la circulación en las zonas forestales y también porque durante esos días se suelen celebrar las batidas de caza, quedando muchos animales desplazados de sus lugares de origen y vagando desorientados por la zona.

La mayoría de los siniestros ocurren debido a una maniobra incorrecta del conductor, al asustarse ante la irrupción del animal e intentar una maniobra de evasión que le pone en peligro a él y a otros conductores. Por este motivo, los expertos estiman que si no se dispone de un control electrónico de estabilidad -que ayuda a mantener la trayectoria del vehículo-, es mejor frenar que tratar de esquivar el animal.

La solución a estos accidentes tiene un coste elevado: hacer un paso para animales -llamados ecoductos- por debajo de una carretera o autovía (allí donde se cruza con un vereda) cuesta más de un millón de euros y cada kilómetro de vallado sale a 60.000 euros. Esta última medida al menos se ha aplicado al 100% de las autopistas y a buena parte de las autovías. En el caso de este tipo de viales el cerramiento funciona bien porque están limitadas las entradas y salidas. Pero en las carreteras secundarias hay que contar con numerosas incorporaciones, accesos a caminos rurales, entradas a fincas, travesías por pueblos.

Con el vallado lateral, muchas veces lo que se consigue es trasladar el lugar del accidente, puesto que los animales se desplazan de forma paralela a la carretera (como si buscaran el vado de un río) hasta que termina el vallado o encuentran brechas en éste (los jabalíes son expertos en hacerlas).

Pero el vallado también plantea un problema añadido. Y es que refuerza el efecto barrera de las carreteras sobre el hábitat de la fauna silvestre, creando zonas aisladas con peligro de endogamia a medio plazo. De ahí que las autopistas cuenten con numerosos pasos subterráneos para el paso de fauna.

Aun así, es muy importante conocer el comportamiento de los animales, porque puede darse el caso de que un felino emplee la salida de un paso como zona de caza inhabilitándola de facto para los pequeños mamíferos, o el de las vacas o corzos, que son muy sensibles a las ondas sonoras que sobre el paso subterráneo genera el tránsito de coches.

En las carreteras ya hechas, se pueden acondicionar las obras de drenaje (cuando hay ramblas que cruzan la carretera) para facilitar el paso a animales pequeños. Los puentes, por su parte, ejercen de ecoductos para el paso de fauna, siempre y cuando se habiliten senderos en los márgenes del río si este suele ser caudaloso.

También se están probando soluciones más imaginativas, como cables tendidos sobre la carretera en zonas boscosas de Cataluña para que las ardillas crucen por ellos; repelentes olfativos (que desprenden olores similares a los que emite el lobo) para mantener alejados a conejos, ciervos y jabalíes, en carreteras de Castilla y León, o pantallas con siluetas de rapaces que alertan a las aves y fuerzan a que éstas desvíen su trayectoria., como en Cantabria. Otros métodos tuvieron menor suerte, como el uso de reflectores especiales que desvían la luz de los coches hacia los lados. Al cabo de unos meses, los animales acababan acostumbrándose.

 

Fuente http://canales.laverdad.es

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